Susana Miller

Es el personaje clave en el Tango Milonguero hoy en día. Su trabajo como maestra marcó no solamente el Tango en Buenos Aires, sino también en el mundo del Tango a nivel mundial. Como maestra de otros maestros de tango Susana colaboró con la gran mayoría de los profesores famosos del tango milonguero y actualmente sigue capacitando una nueva generación de instructores profesionales.

“Yo nací al tango sin memoria, tal vez como la mayoría de los porteños. Buenos Aires tenía el olor y el pulso del tango que era inseparable del ‘ser porteño’.
Sin embargo la gente joven de mi generación era ‘anti-tango y pro-rock and roll’, por principios y como consecuencia de las trágicas vueltas de la historia política argentina y del negocio mediático. En cambio la gente grande lo cantaba, lo bailaba o lo escuchaba, porque ellos o sus padres, llegados a la Argentina como inmigrantes, asimilaron la cultura urbana que ademas de atractiva los unía emocionalmente con el país que los salvaría.
Mi vieja canturreaba tangos y boleros mientras baldeaba el patio damero de la casa chorizo, ícono romántico de la arquitectura de los 40 y 50, y mi viejo solía cantar ‘la casita de mis viejos’ mientras mi hermana y yo lo observábamos hipnotizadas, bajo el influjo seductor de su gesto macho y dulce, de tanguero viejo.
Con los años, lejos de Buenos Aires, de mis viejos y su casita, cuando por azar escuchaba un tango, un dolor dulce me volvía a Buenos Aires, a la memoria de sus calles verdes de verano ese entonces, a sus noches llenas de gente y de cielos azules y estrellados, a la cocina donde escuchábamos a los Pérez García y el Glostora Tango Club, programas esenciales de la domesticidad argentina. La chica de casa, acodada en la mesa, se pegaba a la radio como si esperara que los artistas surgieran de la lampara maravillosa de Aladino, que era la radio de ese entonces.
Buenos Aires olía y sonaba a tango, en las ruedas chillonas del tranvía y en el alma de los argentinos, todavía sonrientes, encarando un futuro también maravilloso, como definía la publicidad de las Academias Pitman y sus triunfadores del mañana.
Años más tarde, las políticas represivas de sucesivas dictaduras replegaron la comunidad milonguera a unos pocos clubes de barrio, alejados de las luces botonas del centro, bajo las cuales la policía cazaba bailarines de tango y merodeadores inocentes de madrugadas para encanarlos por todo el fin de semana ‘en averiguación de antecedentes’.
Sin embargo, hace menos de 20 anos, el tango revivió cíclicamente como ya lo había hecho a comienzos del siglo 20, y por segunda vez este revival vino de Europa. Desde entonces renacen versiones neoclásicas del tango, las cuales se basan en el supuesto de que no todo tiempo pasado fue mejor.
El tango cumple su destino, que es aparecer y desaparecer alternativamente, para encontrarse con las nuevas generaciones, que lo recrearan y lo expresaran en clave juvenil, de acuerdo con los sentimientos, necesidades y estética de su época, como lo hicieron sus antecesores, y como ellos encontraran otro tango en su madurez, seguramente, menos grandilocuente, mas intimo, mas orgánico, puro huesos y sangre, despojado y lleno un tango viejo, que siempre será nuevo”.

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